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Culto de las apariencias, tiranía de la felicidad perfecta y del éxito obligatorio, negación del sufrimiento y de los momentos difíciles, obsesión por la urgencia... Esas imposiciones culturales nos hacen caer en una trampa y provocan frustraciones que generan dolor. Dolor por nuestras emociones, dolor por nuestro cuerpo, por nuestra integridad. Sylvie Tenenbaum, una experimentada psicoterapeuta responde con cariño a nuestras alarmas y nos muestra cómo podemos liberarnos de esas recomendaciones tan estresantes para avanzar decididamente hacia la felicidad. La autora comenta en la introducción: |
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Falta de esperanzas, de perspectivas sobre el porvenir, un presente desencantado, inquietud, angustias, estrés en una amplia variedad de formas: nuestros contemporáneos lo pasan mal en sus vidas. ¿Es normal? Por muchas razones yo suelo responder que sí, que es normal. En las próximas páginas voy a tratar de dar algunas de las razones de este malestar que toca a nuestros colegas humanos en muchos aspectos de sus vidas. Pues, como veremos, nuestra sociedad ha multiplicado los ídolos a los que estas personas se sacrifican y por los que se pierden, tanto en cuerpo como en alma. No tengo intención de acusar, de echar sermones o de dar lecciones a nadie. Sólo pretendo aportar algunas |
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claves que le ayuden a comprender mejor lo que le hace daño para que así pueda, al menos en parte, encontrar los remedios oportunos para que su vida se parezca un poco más a la que le conviene. Disponemos de un cuerpo que, día tras día, realiza milagros. Desgraciadamente se encuentra sometido al culto de la apariencia y del control de las emociones. De este modo, la mayoría de nosotros nos conformamos con los discursos de los nuevos sacerdotes que dictan e imponen dogmas absurdos… absurdos e inhumanos. Esta sociedad ha contribuido a producir adolescentes eternos que se sienten aterrados ante la edad adulta y, todavía más, ante el envejecimiento. Ya no es cuestión de lo que es bueno o es malo, de permisos o prohibiciones. No, se trata simplemente de lo que es posible y de lo que no lo es. Hemos llegado a la época de “Yo quiero todo inmediatamente para mí”. Una época en la que únicamente deseamos la belleza, la juventud y la acumulación de posesiones. Una época en la que se rechaza y se mantiene apartada de nosotros cualquier forma de sufrimiento. Una época en la que la apariencia interior, expresión de nuestra personalidad, se ha vuelto tan importante como la apariencia externa. Una época que explica el lugar que han asumido los “medicamentos del alma”, que permiten modificar la personalidad y volverla soportable, mientras que enmascaran el verdadero sufrimiento. Han hecho acto de aparición nuevas dependencias que pretenden encubrir las angustias afectivas y mentales. Los mercaderes de felicidad lo han comprendido y se frotan las manos proponiendo un bienestar ficticio y nocivo. ¡Como si pudieran existir las tiendas de felicidad! Y todos sabemos muy bien que, cuando sufrimos, nos convertimos en presas fáciles pues nuestra fragilidad nos vuelve más crédulos. Sin embargo, la realidad no es tan rosa como nos quieren hacer creer: la vida suele ser muy difícil para muchos de nosotros. Difícil hasta el punto de hacernos caer gravemente enfermos, tanto física como psíquicamente. Nunca antes habíamos vivido una epidemia semejante de depresiones nerviosas o de problemas de ansiedad y depresión. Ni una epidemia similar de falta de confianza en nuestras competencias, de falta de estima hacia nosotros mismos. Aún más, estamos asistiendo a una verdadera cronificación de estos tormentos y enfermedades. Pero tranquilicémonos: es posible conseguir tener menos dolor en la vida convirtiéndonos en protagonistas, despreciando los becerros de oro (que, en realidad, son de cartón piedra) que se nos proponen, renunciando a las ilusiones infantiles que aún nos gobiernan, aprendiendo a tener más lucidez respecto a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea. Podemos liberarnos de estos señuelos que la sociedad nos coloca delante de nosotros y que nos ciegan. Para eso tenemos primero que identificarlos y luego apartarlos de nosotros. Oponer resistencia. Esto es lo que le propongo que hagamos juntos en este libro. Verá cómo después se siente mejor. La conciencia de nosotros mismos y de nuestras aspiraciones, del sentido que queremos dar a nuestra vida, genera el respeto necesario hacia nosotros mismos para vivir mejor. |
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Para que la
vida duela menos |
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Sylvie Tenenbaum es psicoterapeuta desde hace más de veinte años. Ejerce su práctica profesional en París, donde compagina su trabajo de psicoterapia individual, de pareja y de grupo, con sus tareas de formación y supervisión de otros psicoterapeutas, psiquiatras y coachs. Es miembro de la Asociación Europea de Psicoterapeutas y es autora de varios libros más sobre estos temas. Si desea solicitar este libro, pulse aquí. |
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