Lawrence LeShan es una de las personas más valientes de nuestra época. La investigación que presenta en Usted puede luchar por su vida tal vez sea la más importante que se haya hecho en la medicina. Haber emprendido el formidable esfuerzo de concretar el vínculo entre las emociones y el cáncer en el momento en que comenzó su estudio es más de lo que se puede pedir razonablemente a un ser humano. El hecho de que lo consiguiera tras diez años de trabajo es algo por lo que todos nosotros nos podemos sentir enormemente agradecidos. Su formación académica así como su metodología como psicólogo experimental, junto con su gran habilidad clínica, confluyeron al escribir este libro dando los pasos lógicos precisos y necesarios para aclarar la resbaladiza relación entre la mente y el cáncer.


Es importante recordar el gran amor y sacrificio personal vertido en el trabajo que este libro representa: las enormes dificultades para tener acceso a los pacientes por parte de alguien ajeno a la clase médica, el ser ridiculizado por quiénes no compartían su visión, los intensos dolores emocionales derivados de examinar, junto con sus pacientes, sus razones para vivir y para morir, la gran pérdida sufrida tras la muerte de esas personas a las que amaba, al estar profundamente involucrado con ellas y ver impotentemente cómo caían en su lucha.


El gran gasto emocional que esto suponía fue cubierto por el doctor LeShan sacrificando aspectos de sí mismo, de su familia, de su vida. Es imposible apreciar plenamente la gran fortaleza y valor del doctor LeShan que se refleja en este libro. Al menos que se haya transitado por el mismo camino, no existe un marco adecuado de referencia para comprender la cantidad de dolor que se experimenta al recibir críticas profesionales y al observar el dolor de las familias, teniendo como única recompensa la satisfacción personal.


Este libro será de gran ayuda para los profesionales —médicos, enfermeras, terapeutas y religiosos— pero será especialmente útil para el paciente y su familia, pues le ayudará a comprender la escurridiza conexión entre las emociones y el cáncer.