Sylvie Tenenbaum

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     Una reflexión sobre el perdón

Todos conocemos a personas que han sufrido grandes tormentos en su infancia. Están en nuestro entorno personal o profesional. Son personas que toman antidepresivos, ansiolíticos, calmantes… personas que son desdichadas… que parecen ir de fracaso en fracaso en sus vidas amorosas o profesionales. La mayor parte de las veces, no ven la relación entre lo que vivieron en su infancia y su adolescencia y sus fracasos actuales, sus dificultades para vivir.

Cuando estos niños ya crecidos acuden a terapia suelen descubrir que por fin tienen la posibilidad de reconstruir sus atormentadas historias gracias a la palabra. Pueden dejar atrás el silencio. Sin embargo, hay que lamentar que algunos terapeutas, “formateados” por los códigos morales de nuestra cultura, incitan muy vivamente a sus pacientes a perdonar. Para ellos, el perdón es el objetivo de la terapia, a expensas de la “ecología interna” de estos adultos que se ven mutilados de sus sentimientos más auténticos y más justos respecto a lo que han vivido. Considerar el perdón como el único camino para superar el sufrimiento y liberarse del pasado es dañino, manipulador e ineficaz.

 

El perdón forma parte de las nociones éticas y religiosas: perdonar es un acto que no tiene espacio en la psicoterapia. No forma parte ni tiene por qué hacerlo. ¿Perdonar para firmar la paz con el pasado? Hay otros medios para llegar a ese objetivo, y ya describiremos algunos en estas páginas. Si hay que excluir la alternativa de la venganza (que raramente es evocada en el curso de la terapia), el perdón no es en absoluto una obligación. No es lo que interesa en este proceso. Cuando se dice que el objetivo de la terapia es que “el terapeuta guía al paciente hacia el paciente”, esto significa que este último es el que tiene que beneficiarse de la terapia, y no sus predadores.

En el camino de la terapia sólo hay una forma de rehabilitación muy necesaria aunque raramente evocada: rehabilitarnos a nosotros mismos después de haber comprendido cómo y porqué se han instalado en nosotros unos pensamientos tan dañinos y unas emociones tan dolorosas, pensamientos y emociones dirigidos contra nosotros mismos. Esta forma de rehabilitación resulta esencial para la construcción o la mejora de la indispensable buena imagen de nosotros mismos.

A lo largo de las páginas de este libro descubrirá, tal vez con estupefacción o incluso horror, el modo en que los años de la juventud han condicionado la vida de los adultos, por lo que no es nada extraño encontrar tantas personas desdichadas. Tal vez le conmuevan los sufrimientos experimentados por los pacientes cuyos testimonios emplea la autora en esta obra. Como señala Tenenbaum en la introducción: "Quiero decir en este momento que a mí también me han conmovido y que les agradezco la confianza infinita que me han demostrado. Quiero decirles hasta qué punto me he sensibilizado con sus tormentos, con sus lágrimas; hasta qué punto algunos de sus relatos han hecho que me rebelara; hasta qué punto yo sentía —y sigo sintiendo— compasión. Quiero decirles, en fin, que en muchas ocasiones he sentido ganas de consolarles, pero no era conveniente hacerlo. Mi posición de terapeuta ofrecía y ofrece una libertad total de expresión de sus emociones."

Si desea leer el contenido de este libro, pulse aquí..

 

 

 

     ¿Cuánto falta para la felicidad?

Culto de las apariencias, tiranía de la felicidad perfecta y del éxito obligatorio, negación del sufrimiento y de los momentos difíciles, obsesión por la urgencia... Esas imposiciones culturales nos hacen caer en una trampa y provocan frustraciones que generan dolor. Dolor por nuestras emociones, dolor por nuestro cuerpo, por nuestra integridad.

Sylvie Tenenbaum, una experimentada psicoterapeuta responde con cariño a nuestras alarmas y nos muestra cómo podemos liberarnos de esas recomendaciones tan estresantes para avanzar decididamente hacia la felicidad.

La autora comenta en la introducción:

Falta de esperanzas, de perspectivas sobre el porvenir, un presente desencantado, inquietud, angustias, estrés en una amplia variedad de formas: nuestros contemporáneos lo pasan mal en sus vidas. ¿Es normal?

Por muchas razones yo suelo responder que sí, que es normal. En las próximas páginas voy a tratar de dar algunas de las razones de este malestar que toca a nuestros colegas humanos en muchos aspectos de sus vidas. Pues, como veremos, nuestra sociedad ha multiplicado los ídolos a los que estas personas se sacrifican y por los que se pierden, tanto en cuerpo como en alma. No tengo intención de acusar, de echar sermones o de dar lecciones a nadie. Sólo pretendo aportar algunas claves que le ayuden a comprender mejor lo que le hace daño para que así pueda, al menos en parte, encontrar los remedios oportunos para que su vida se parezca un poco más a la que le conviene.

Disponemos de un cuerpo que, día tras día, realiza milagros. Desgraciadamente se encuentra sometido al culto de la apariencia y del control de las emociones. De este modo, la mayoría de nosotros nos conformamos con los discursos de los nuevos sacerdotes que dictan e imponen dogmas absurdos… absurdos e inhumanos.

Esta sociedad ha contribuido a producir adolescentes eternos que se sienten aterrados ante la edad adulta y, todavía más, ante el envejecimiento. Ya no es cuestión de lo que es bueno o es malo, de permisos o prohibiciones. No, se trata simplemente de lo que es posible y de lo que no lo es. Hemos llegado a la época de “Yo quiero todo inmediatamente para mí”.

Una época en la que únicamente deseamos la belleza, la juventud y la acumulación de posesiones.

Una época en la que se rechaza y se mantiene apartada de nosotros cualquier forma de sufrimiento.

Una época en la que la apariencia interior, expresión de nuestra personalidad, se ha vuelto tan importante como la apariencia externa.

Una época que explica el lugar que han asumido los “medicamentos del alma”, que permiten modificar la personalidad y volverla soportable, mientras que enmascaran el verdadero sufrimiento.

Han hecho acto de aparición nuevas dependencias que pretenden encubrir las angustias afectivas y mentales. Los mercaderes de felicidad lo han comprendido y se frotan las manos proponiendo un bienestar ficticio y nocivo. ¡Como si pudieran existir las tiendas de felicidad! Y todos sabemos muy bien que, cuando sufrimos, nos convertimos en presas fáciles pues nuestra fragilidad nos vuelve más crédulos.

Sin embargo, la realidad no es tan rosa como nos quieren hacer creer: la vida suele ser muy difícil para muchos de nosotros. Difícil hasta el punto de hacernos caer gravemente enfermos, tanto física como psíquicamente. Nunca antes habíamos vivido una epidemia semejante de depresiones nerviosas o de problemas de ansiedad y depresión. Ni una epidemia similar de falta de confianza en nuestras competencias, de falta de estima hacia nosotros mismos. Aún más, estamos asistiendo a una verdadera cronificación de estos tormentos y enfermedades.

Pero tranquilicémonos: es posible conseguir tener menos dolor en la vida convirtiéndonos en protagonis­tas, despreciando los becerros de oro (que, en realidad, son de cartón piedra) que se nos proponen, renunciando a las ilusiones infantiles que aún nos gobiernan, aprendiendo a tener más lucidez respecto a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea.

Podemos liberarnos de estos señuelos que la sociedad nos coloca delante de nosotros y que nos ciegan. Para eso tenemos primero que identificarlos y luego apartarlos de nosotros. Oponer resistencia.

Esto es lo que le propongo que hagamos juntos en este libro. Verá cómo después se siente mejor.

La conciencia de nosotros mismos y de nuestras aspiraciones, del sentido que queremos dar a nuestra vida, genera el respeto necesario hacia nosotros mismos para vivir mejor.

 

 

Para que la vida duela menos
y acercarnos a la felicidad.

Sylvie Tenenbaum es psicoterapeuta desde hace más de veinte años. Ejerce su práctica profesional en París, donde compagina su trabajo de psicoterapia individual, de pareja y de grupo, con sus tareas de formación y supervisión de otros psicoterapeutas, psiquiatras y coachs.

Es miembro de la Asociación Europea de Psicoterapeutas y es autora de varios libros más sobre estos temas.

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